El sitio donde pisas con más soltura coincide con el umbral por el que sales al mundo. La Parte de la Fortuna, ese punto que se calcula cruzando tu horizonte, tu Sol y tu Luna para marcar dónde el andar pesa menos, cae sobre el mismo grado que asciende en tu carta. Así que la soltura y la primera piel con que entras en cada habitación ocupan idéntico lugar, sin un pasillo de por medio. La gente nota que llegas como quien pisa su propia casa, sin tirones a la vista. No es que todo te caiga regalado en el plato; es que tu manera de aparecer trae el peso bien repartido entre los hombros, y el cuerpo lo agradece desde el saludo.