El lugar donde la vida te da respiro se planta enfrente de la puerta por la que te asomas al mundo. La Parte de la Fortuna, ese punto calculado entre horizonte, Sol y Luna donde se reúne lo que sale por su cuenta, queda enfrentada al grado que asciende en tu carta. Tu sitio de respiro y la primera piel con que llegas se encaran a lo largo del eje, cada uno reclamándole cuentas al otro. A veces el punto donde las cosas cuadran parece quedar siempre al fondo, en el extremo opuesto de cómo te presentas, visible pero del otro lado del cristal. Te reconoces en ese tira y afloja entre tu cara de llegada y el rincón donde algo, por fin, se acomoda.