Tu manera de presentarte y tu sed de gustar se encaran de un cabo a otro del eje. Venus, esa parte que busca agradar y fundirse con el otro, queda enfrentada al umbral por donde apareces ante los demás en tu carta. Cuando llegas asentado en tu sitio, algo tira desde el otro extremo pidiendo caer en gracia; cuando te vuelcas entero en complacer, la primera piel reclama que no te extravíes en el otro. Los dos cabos se exigen cuentas en cada encuentro, y quien tienes delante suele recibir tu encanto antes de que tú sepas si era tuyo o prestado. Vives en esa pulseada entre cómo apareces y las ganas de diluirte en quien cruza tu umbral, calibrando cuánto de ti entregas.