Hay una linterna colgada junto a la puerta del sótano, lista para alumbrarte al bajar a lo oscuro. Plutón, esa capacidad de mirar el fondo y regenerar lo que toca, tiende un buen ángulo al horizonte por donde asciendes en tu carta. No se enciende por su cuenta: depende de que tú decidas descender, de que pongas a trabajar esa mirada honda a conciencia al cruzar el umbral. Cuando lo haces, tu modo de aparecer gana peso, una intensidad que invita al otro a dejarse de rodeos y ser verdadero. El poder queda disponible como esa linterna junto a la puerta, a la espera de que la descuelgues para presentarte con más calado y menos superficie en el primer contacto.