Entras y el aire del cuarto se refresca, como una ventana que alguien abre justo a tiempo. Urano, esa parte que innova y se libera sin tener que forzar nada, corre en buen ángulo hacia el horizonte por donde asciendes en tu carta. Lo que en otros desentona, en tu modo de aparecer va suelto: la originalidad entra contigo en la habitación sin necesidad de provocar a nadie. La gente te calibra de lejos como alguien fresco, libre de etiquetas y cómodo siéndolo. No es excentricidad de cartón piedra, es cauce: tu manera de llegar al mundo trae la chispa ya bien repartida, una diferencia que abre espacio en vez de disparar las alarmas del cuarto.