Un hilo dorado tejido en una tela sencilla, visible cuando le da la luz desde un ángulo concreto. Con Leo en la cúspide de tu casa 1, la puerta por la que entras al mundo lleva calor visible. La gente percibe primero tu radiación tranquila, la sonrisa que ocupa la cara entera, el modo en que te plantas cuando entras a una sala como quien se quita el abrigo. No tienes que esforzarte para que te miren. El riesgo es empezar a vivir para la mirada ajena y olvidar para qué pediste el escenario. Aprende a brillar cuando nadie aplaude. Tu fuego es generosidad antes que vanidad, y la sala recibe tu luz mejor cuando no la cobras.