Una marea baja al amanecer, las huellas de quien pasó borrándose mientras todavía las miras. Aquí Piscis gobierna la entrada a tu casa 1, y la puerta por la que llegas al mundo es porosa, atmósfera más que muro. Aparece primero tu mirada honda, la voz que se ablanda al hablar, el modo en que pareces estar y no estar a la vez en la misma sala. Tu cuerpo absorbe el clima emocional del lugar antes de que tú lo nombres. Cuidado con perder los contornos en la corriente ajena. La promesa es que esa misma permeabilidad, sostenida con prácticas diarias de retorno a ti, se vuelve una empatía rara y luminosa que la sala recuerda mucho después de que te fuiste.