La Parte de la Fortuna, ese lugar calculado entre Sol, Luna y horizonte donde la vida se acomoda con menos resistencia, cae sobre el mismo grado que Lilith, la Luna Negra, ese punto del apogeo lunar donde vive lo que no se deja domesticar. Fundidos en una sola baldosa, el respiro y el colmillo son un único gesto: sueltas el aire y al instante se yergue lo salvaje, como si el remanso enseñara los dientes. No descansas por un lado y te rebelas por otro. El alivio y la fiera salen del mismo grado. En esa esquina de tu carta fluyes mejor justo donde no te dejas domar, y tu sitio de menor resistencia es, a la vez, el que menos se rinde.