El sueño que te diluye los contornos y el sitio donde la vida te cuaja respiran dentro de la misma bruma. La Parte de Fortuna, ese punto que tu carta sitúa con el Sol, la Luna y el Ascendente, ocupa el mismo grado que Neptuno: tu bienestar y la sensibilidad sin bordes están tejidos en un solo paño, sin costura visible. Floreces en lo sutil, prosperas cuando creas, cuando rezas, cuando algo más grande que tú te atraviesa. Tu satisfacción sabe a música baja, a mar de fondo, a entrega que no necesita testigos. Mucho cuidado con difuminar tanto el bienestar en lo ideal que no reconozcas la dicha pequeña y de carne cuando la tienes ahí, en la palma de la mano.