Un pie tira hacia el horizonte y el otro se clava donde de verdad floreces, y de ese desgarro cruzado has salido con una forma propia. La Parte de Fortuna, ese punto que tu carta calcula y cambia según sea de día o de noche, se cuadra con Júpiter desde posiciones distintas: lo que prospera en ti quiere echar raíz, la promesa quiere lanzarte fuera, y las dos muelen en ángulo recto. Cuántas veces inflaste planes sobre un suelo que solo pedía quedarse quieto, buscando más justo donde ya tenías bastante. De tanto chocar se te afiló un criterio que ya no se deslumbra con el exceso. Por eso hoy sabes distinguir lo amplio de lo que solo es ancho.