La Parte de la Fortuna, ese lugar calculado entre Sol, Luna y horizonte y nunca una promesa de dicha, se cruza de costado con el Nodo Norte, ese eje calculado que marca tu dirección evolutiva y no un astro con cuerpo. Noventa grados los traban en cruz: justo cuando te acomodas en lo fácil, el rumbo te empuja hacia terreno ajeno y te tuerce el paso. El sitio donde la vida afloja y aquello que pide crecer muelen uno contra otro, sin encajar. El descanso y el avance se rozan a contrapelo. Pero de ese forcejeo sale un camino que no te deja amodorrarte en el remanso. En la casa donde se traban, lo cómodo y lo que te hace crecer no se ponen de acuerdo, y mejor así.