Un cuenco de agua quieta sobre la repisa, que recoge la lámpara entera si te inclinas a mirarlo. La Parte de la Fortuna no es un cuerpo del cielo, es el punto que tu carta calcula del Sol, la Luna y el Ascendente, y según sea diurna o nocturna lo mide de un modo u otro, para señalar dónde te sientes en tu sitio. La Luna lo alcanza de sextil, ángulo accesible, y deja el pulso del sentir a tu mano. No te anega: cuando pones olfato en lo que ya te sale natural, la marea responde mansa, lees el momento y te acomodas. Usas esa agua cuando tú decides. Así la hondura del ánimo se posa donde tu vida ya fluye sin apretarte.
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