Abres los brazos para dar y en el mismo gesto se cuela algo que nunca aprendiste a sentar a la mesa. Júpiter se monta sobre tu Lilith en el mismo punto del cielo, fe y apetito salvaje fundidos en una sola mano que ofrece. Por eso tu generosidad no huele a buenos modales: lleva dentro el hambre que te pidieron esconder, y la gente lo nota en el cuerpo antes de saber qué la incomoda. No das desde lo correcto, das desde lo indómito. La trampa no es callarlo. Es inflar tanto el gesto grande que olvides que también ese deseo busca una orilla donde por fin descansar.