Empujas el armario por una esquina y la viga del techo cruje en diagonal sobre la cumbre de tu carta. Júpiter, ese fuelle que ensancha y reclama más sitio del que hay, tira de costado contra el meridiano por donde sube tu vida pública, la cara que tu trabajo da al mundo. El hambre de grandeza y la cima visible se cruzan de través, y el roce deja marca: prometes de más, abarcas de más, y lo que enseñas delante de todos se descuajaringa bajo ese peso. De ese forcejeo terco vas aprendiendo a medir el gesto, a no hinchar la vela hasta partir el mástil. La ambición se lima contra el límite hasta caber justo en lo que de veras eres capaz de sostener con los brazos.
Tu privacidad
Usamos analítica para entender qué contenido te resulta útil y mejorar Sidellia. Sin publicidad ni perfiles publicitarios. Puedes rechazarla y seguirás teniendo todas las funciones.