A media frase te das cuenta de que querías decirlo todo y decir exactamente esto, y las dos cosas te tiran de la lengua hacia esquinas distintas. Júpiter y Mercurio se cruzan en ángulo recto en tu carta y la amplitud que quiere abarcarlo todo muele contra la palabra que quiere recortar. Por eso tus frases se alargan, vuelves atrás a matizar, dejas una colgando para abrir otra. El otro pierde el hilo. A ti se te resiste cualquier cierre. A contrapelo de tu propia mente, fuiste aprendiendo a alternar el marco con el bisturí. La precisión total te empequeñece. La amplitud sin filo te aplasta. Y entre los dos extremos, sin quedarte en ninguno, fuiste encontrando tu voz.
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