Repartes luz a manos llenas y por dentro te molesta que ese brillo no te devuelva nada con qué sostenerte. Júpiter y el Sol se cruzan en ángulo recto en tu carta: la generosidad que quiere derramarse muele contra la identidad que necesita que alguien la sostenga a ella. Das hasta quedarte seco. Y cuando te lo guardas todo, te llamas arrogante por hacerlo. La factura llegó en años de ser deslumbrante en público y frágil en privado, sin saber coser las dos caras. Muy despacio aprendiste a no entregar más luz de la que tu cuerpo fabrica esa semana. Brillar de verdad es brillar a un ritmo que no te funda. La versión de ti que ilumina sin gastarse llegó después de muchos apagones.