Pones mesa para doce y la persona que tienes justo enfrente se queda sin tu mirada entera. Júpiter y Venus se cruzan en ángulo recto en tu carta: la abundancia que quiere abrir la casa a todos muele contra el afecto que pide intimidad de dos. Abres las puertas y alguien te espera a solas en el pasillo. Cierras la mesa para una sola persona y te pesa el silencio de los no invitados. Esto lo pagaste en amores que sintieron que te compartían con demasiada gente para llamarte suyo. Has ido aprendiendo a trazar el círculo íntimo aparte del expansivo. Preferir a quien tienes delante esta noche no traiciona a nadie. El lujo costoso de la atención dedicada lo entendiste repartiéndote hasta casi no quedar para uno.
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