Entras en una sala y algo en el aire se ensancha, como si el techo subiera un palmo para hacerte sitio. Aquí Júpiter cae sobre tu casa 1, la del cuerpo y la primera impresión, así que la expansión vive en tu primera capa: la presencia que llena, la risa que se oye desde la puerta, la manera optimista de cruzar el umbral antes de saber qué hay del otro lado. No le pasa a cualquiera con este Júpiter. La gente te concede crédito por adelantado, te creen sin que hayas demostrado nada todavía, y eso es bello hasta que te das cuenta de que prometes con el cuerpo más de lo que después sostienes. Ahí está el peso de tu signo. La presencia grande abre puertas, pero también te obliga a estar a la altura del eco que dejas. Aprende a recibir tanto como ofreces, y deja que a veces el cuarto siga del tamaño que era sin tu intervención. Tu generosidad no es para gastarla en cada habitación que pisas, sino para los lugares donde de verdad quieres dejar marca.