Tu círculo de amigos crece sin que lo planees, y casi siempre hay una cara nueva en la mesa que alguien trajo porque sabía que cabría. Júpiter se asienta en tu casa 11, la del sueño de arco largo y de la ciudad todavía no construida, así que tu expansión es de muchos: las amistades anchas, las redes que se ramifican, las causas comunes que te abren puertas que ningún esfuerzo solitario abriría. La pertenencia te ensancha tanto que a veces te diluyes en ella, repartes tu calor entre veinte personas y te quedas sin nadie a quien contarle lo que de verdad te pasa. Tener mil afectos no es lo mismo que tener uno hondo. La lección no es cerrar el círculo sino elegir dentro de él. Sigue tejiendo comunidad, ese instinto tuyo de juntar gente y soñar futuros en grupo es un don escaso y luminoso. Pero reserva una esquina para los pocos que te conocen entero, los que se quedan cuando la mesa se vacía. Da tu generosidad a quienes también te sostienen a ti, no solo a quienes se calientan en tu fuego.