Te paras a charlar con un vecino dos minutos y sales con un contacto, una idea y una invitación que no buscabas. En tu carta, Júpiter se instala en la casa 3, la del habla cercana y los recados diarios del pensamiento, así que tu mente se ensancha justo donde otros solo cruzan dos frases: en la conversación de portal, en el mensaje suelto, en la pregunta hecha al azar. Hablas con tanta soltura y tanto entusiasmo que prometes mundos en mitad de una frase, y la gente te toma la palabra. La mitad de esas promesas eran de verdad. La otra mitad eran el placer de pensar en voz alta contigo. Cuando las dos se mezclan, alguien acaba esperando algo que tú ya olvidaste haber ofrecido. No apagues esa generosidad verbal, es de las cosas que mejor haces. Solo aprende a separar lo que prometes de lo que solo estás imaginando en alto, y a cumplir lo primero con la misma facilidad con que lo dijiste. Tu palabra vale más cuando pesa lo justo.