Hay una fe ahí, al alcance de la mano, que no te exige amaestrar el deseo antes de creer en algo grande. Júpiter y Lilith se tienden un sextil en tu carta y dejan un cauce abierto entre ambos: la expansión generosa y la parte que no domesticaste esperan, listas, a que las cruces. El día que eliges crecer desde tu apetito entero y no desde lo que se espera de ti, algo se enciende y deja de gastarse en quedar bien. Pero no prende por su cuenta. Pide que tu hambre indómita marque hacia dónde creces, y solo entonces tu fe deja de pedir disculpas. Lo salvaje, ahí, es combustible que puedes encender, no lastre que cargar.
Tu privacidad
Usamos analítica para entender qué contenido te resulta útil y mejorar Sidellia. Sin publicidad ni perfiles publicitarios. Puedes rechazarla y seguirás teniendo todas las funciones.