Te sientas a planear algo enorme y, sin avisar, los pies ya van hacia la puerta. Eso es Júpiter, la visión que abarca de más, asomado por el sextil a Marte, el músculo que no sabe esperar: viven a una habitación de distancia, con la puerta entre ambos sin echar. Nadie te empuja a cruzarla, y por eso casi nadie lo hace. Junta las dos cosas a propósito y empezarás a mover proyectos que parecían demasiado grandes para una sola persona. Déjalas cada una en su cuarto y te pasarás la vida creyendo que nunca te tocó la suerte, sin ver que la tenías a mano todos los días. Bastaba con dar el paso y empujar.