Una ventana entornada deja pasar una corriente cálida hacia el techo de la casa. Júpiter, ese fuelle que ensancha y se fía, tiende un ángulo abierto hacia el meridiano por donde asoma tu vida pública, la cara que tu trabajo da al mundo. La ocasión de crecer está ahí, a un brazo, si estiras la mano hacia ella a conciencia. Cuando te muestras en lo que haces, asoma una holgura: alguien que te abre una puerta, un margen que ayer no veías. No baja sola del cielo, la recoges tú empujando la hoja un palmo más. Y cada vez que lo haces, lo que enseñas delante de todos respira con más sitio, como un cuarto al que de pronto le entra aire por una rendija nueva.