Crees en grande sin tener que amaestrar el apetito que te habita, y eso es el aire tibio que respiras todo el día, holgado, sin notarlo. Júpiter y Lilith forman un trígono en tu carta: la fe que ensancha y la parte que no domesticaste caminan al mismo paso, así que tu generosidad lleva dentro un deseo entero que la vuelve creíble. Quien te escucha siente que tu optimismo no es ingenuo: viene de alguien que no se censuró. Lo único que arriesgas aquí es la desmemoria: que la costumbre te adormezca y dejes de ver lo poco común que es creer en grande sin haber amordazado el hambre que te habita.
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