El río baja ancho y manso hasta el muelle donde atracas, al pie de la cumbre de tu carta. Júpiter, ese fuelle que ensancha y da margen, corre en buen ángulo hacia el meridiano por donde asoma tu vida pública, la cara que tu trabajo da al mundo. La abundancia y la cima visible bajan juntas por el mismo cauce: cuando te muestras en lo que haces, el mundo te concede sitio de sobra, como si la buena fortuna te pisara los talones al llegar. Las puertas que otros empujan a ti te ceden con un dedo. Esa holgura no la fabricas, ya la traías, y en ella tu modo de asomar respira con la calma de quien sabe ancha la mesa de su casa.