Sueñas con una torre alta y la mano ya calcula cuánto peso aguanta la viga. La ambición que mira lejos y la paciencia que mide cada paso van juntas en ti de nacimiento, trígono de Júpiter y Saturno, y construyes sin pelearte con el reloj. Tu plan grande lleva pies firmes; tu disciplina lleva horizonte por dentro. Quien empieza un proyecto contigo confía en que la torre se sostiene, porque tu aguante ya venía en el lote. El motor anda solo, y ese es justo el riesgo: lo das por descontado y olvidas que esta mezcla, soñador y constructor en el mismo cuerpo, es la rara. Honra tu propio ritmo. No lo aceleres por entrar en el compás de otro.