Lo que sueñas y lo que te negaste a domar suben de la misma agua honda, mezclados en una sola niebla. Neptuno se sienta encima de tu luna negra en un solo grado: tu imaginación bebe justo de la parte salvaje que te pidieron esconder, y por eso lo que creas tiene un fondo turbio que la belleza dócil nunca toca. Te dejas llevar con el apetito entero, sin lavar lo que incomoda, y tu sensibilidad arrastra a quien la mira. No imaginas desde lo bonito, sino desde lo indómito. Hay un peligro: disolverte tanto en el ensueño que pierdas de vista qué parte de ti pide ser vivida en carne, no soñada.
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