Tu poder quiere remover el fondo y un deseo que no domesticaste se atraviesa peleando por salir, y de esa pugna a contramano sale tu intensidad. Lilith y Plutón se enganchan a noventa grados, en una cuadratura a muerte: la fuerza que controla y lo salvaje que no se deja gobernar tiran cada uno por su lado y se desgastan a dentelladas. Te has transformado con lo crudo tirando hacia abajo, queriendo dominar mientras algo en ti rompía toda brida. Pesa, y de ese choque sale una hondura que nadie alcanza sin haber sentido arder lo indómito bajo el control. Tu poder real nació de cada pulso en que el deseo enterrado desbordó la mano con que querías sujetarlo todo.