Tu identidad quiere mostrarse limpia y una parte que no domesticaste se atraviesa, tirando hacia lo crudo, y de ese tirón cruzado sales con cara propia. Lilith y el Sol se traban en cuadratura, a noventa grados sin tregua: la luz que busca aprobación y lo salvaje que no se pule tiran cada uno por su lado y se desgastan al rozarse. Has brillado con lo indómito asomando, afirmándote mientras algo en ti rompía la buena imagen. Pesa, y de ese desgaste sale una presencia que nadie luce si solo se mostró aceptable. Quién eres no se confunde con nadie porque lo crudo desbordó, vez tras vez, la versión cómoda que ofrecías.