En las tradiciones contemplativas hubo místicas que se negaron a entregar su experiencia interior al control de los confesores, y que escribieron en lengua vulgar precisamente para que la jerarquía no pudiera revisarles línea por línea su trato con lo divino. A muchas las procesaron por eso. La mística europea, sin embargo, les debe casi todo: guardaron su santuario y aun así lo dejaron por escrito para quien supiera leerlo. Tu Lilith en Piscis lleva esa cualidad. Lilith no es un astro que se pueda observar, sino el apogeo de la Luna, el punto donde su recorrido se aleja más de nosotros: un lugar calculado en el mapa, no un cuerpo de los que tienen brillo propio, y por eso señala lo que en ti se reserva y no se deja traducir a lenguaje útil. Aquí lo que no se domestica pasa por lo difuso, el sueño, la espiritualidad, la sensibilidad sin orilla: una negativa a traducir tu vida interior a lenguaje útil, a justificar tus intuiciones, a explicarle a quien no entiende por qué cierto arte o cierta práctica te sostiene en pie. Aprendiste pronto que tu mundo interno podía ser ridiculizado o medicalizado, y aprendiste a esconderlo bien. El nudo no es la huida. Es confundir tu derecho a guardar el santuario con una prohibición de invitar nunca a nadie a él. Hay personas que sí sabrían cuidarlo. ¿A quién puedes contarle un sueño tuyo esta semana sin tener que convertirlo antes en un argumento defendible?