Lilith, la Luna Negra, ese punto calculado en el apogeo lunar donde habita lo refractario, queda en el extremo opuesto del Nodo Sur, ese eje calculado que marca el terreno conocido que te toca soltar y no un astro con cuerpo. Media vuelta las separa, cada orilla pasando cuenta a la otra. La fiera gruñe en un extremo mientras el hábito gastado tira desde el contrario, cada uno reclamándote para su lado. Tiras de lo salvaje y se tensa la costumbre: las dos puntas se miden, una queriendo morder, la otra queriendo repetirse. En la casa donde se enfrentan, lo indómito y lo conocido se pasan cuenta cara a cara, y aprendes a soltar el suelo viejo sin dejar a la fiera amordazada en él.