Quirón, ese punto donde la herida se hizo maestra, queda en el extremo opuesto de Lilith, la Luna Negra, ese punto calculado en el apogeo lunar donde habita lo refractario y exiliado. Media vuelta los separa, frente a frente. Cuando la cicatriz pide que la cuiden con manos blandas, lo indómito le contesta con un gruñido desde la punta contraria, harto de tanta delicadeza. Tiras de la herida y se tensa la fiera: las dos orillas se miden sin tregua, sin que el cuidado amanse al colmillo ni el colmillo calle a la llaga. En la casa donde se enfrentan, aprendes a nombrar lo que ruge sin pedirle perdón a lo que duele.