Tienes una identidad que no necesita esconder lo salvaje para brillar, ahí, a flor de piel, lista para que la tomes. Lilith y el Sol se enlazan en sextil en tu carta y dejan un puente abierto entre ambos: lo indómito que no domaste y la luz que te afirma aguardan a que los cruces. El día que dejas que tu parte cruda entre en cómo te presentas, tu presencia gana un peso que ninguna versión amable alcanza. Pero no prende solo. Se activa cuando dejas de pulir lo que incomoda y lo dejas verse. Lo prohibido de ti es parte de tu brillo, no una mancha que esconder.
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