Lilith, la Luna Negra, ese punto calculado en el apogeo lunar donde vive lo que no se deja amansar, llega a ciento veinte grados del Nodo Norte, ese eje calculado que marca la dirección de tu crecimiento y no un astro con cuerpo. La parte refractaria ya viene integrada en el cauce de tu avance, sin que tengas que defenderla ante nadie. La fiera da un paso y el camino responde, las dos del brazo apuntando hacia delante. Lo salvaje y el rumbo se entienden sin discutir. En esa parte de tu carta crecer no rivaliza con tu filo: avanzas justo por donde no te dejas domar, con la fiera suelta y el viento empujando a favor.