Entras a una sala con diez personas y sabes quién hoy no está bien antes de que nadie abra la boca. Tu Luna y Neptuno coinciden en el mismo grado de tu carta, y por eso la emoción y la imaginación son en ti una misma piel: el clima ajeno te llega como si fuera tiempo de tu propia casa. Rindes en lo que pide acompañar: terapia, cuidado, arte que abraza, una hospitalidad sin condiciones. La trampa de este don es disolverte en él. Hazte de bordes para que no te arrastre. Saber dónde acabas tú y empieza el otro no es egoísmo. Es lo que te deja seguir sintiendo sin perderte dentro de lo que sientes.
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