La Luna se recuesta sobre tu Nodo Sur, esa punta del eje que custodia tu refugio emocional más antiguo, hasta trenzar emoción y hábito en un solo hilo. La necesidad, el consuelo, el modo de cuidar te salen por defecto, como un nido al que el cuerpo vuelve sin pensarlo. Es el sitio al que regresas cuando algo te duele o te asusta. Lo que pesa es vivir solo ahí, repitiendo el patrón afectivo heredado en vez de llevar esa ternura al rumbo nuevo. Tu hondura rinde cuando sostiene el crecimiento que te expone. No cuando la gastas en volver una vez más al abrigo de siempre.