Una sola habitación, alumbrada por la ventana del este a una hora y por la del oeste a otra, y tú vives la habitación entera. Tu Luna y tu Sol caben en un mismo grado de tu carta, así que sentir y ser te ocurren en el mismo acto: lo que sientes es ya lo que eres, dicho con la luz de cada hora del día. Por eso quien te trata te lee de una pieza, sin las costuras que otros llevan a la vista. Ojo con una cosa: esa misma cohesión te puede dejar lejos de quien vive partido por dentro. Acompaña sin juzgar. No todo el mundo cabe en una sola pieza, y eso no le hace falsa la suya.