El pecho se llena y quiere desbordarse, y la mandíbula, que aprendió pronto a apretarse para no molestar, no lo deja salir. La Luna y Saturno se cruzan en ángulo recto en tu carta, y la emoción que necesita salir se traba con la contención que aprendiste como protección. Contienes y te enfermas un poco por dentro. Dejas salir y te juzgas por dramático. Eso lo pagaste en años de relaciones donde sentiste muchísimo y nadie lo notó, porque la cara seguía siendo la misma cara de piedra. Muy despacio aprendes a darle cauce a tu emoción sin pedirle permiso al adulto severo de adentro. Tu sentir merece un sitio. La libertad emocional que tu niñez no te dejó tener la estás conquistando tú ahora, contracorriente.
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