Un sueño que no logras recordar entero y que aun así ha movido los muebles dentro de tu pecho mientras dormías. Naciste con la Luna en la casa 12, la casa del borde del sueño y del cuarto detrás del cuarto, de lo que la luz del día prefiere olvidar, así que tu sentir trabaja donde no llega la vista. Absorbes mareas sin origen visible: el ánimo de la sala antes de que nadie hable, el duelo viejo de tu ciudad, un ancestro al que no conociste y que sin embargo pesa. Hay mañanas en que amaneces triste sin un suceso al que señalar con el dedo, y la explicación simplemente no aparece. No te exijas encontrarla siempre. Date un pequeño vaciado cada día, algo físico y modesto: páginas que escribes y luego rompes, una hora en silencio, agua fría en la cara. Sin esa válvula, el océano de dentro sube hasta inundarte la cocina. Con ella, te conviertes en alguien que de verdad sabe escuchar lo que otros ni notan. Tu mundo interior es enorme. Hónralo dándole la soledad que pide, elegida y a conciencia.