Hay una manta que dobló tu abuela y que tú sigues doblando igual, por el mismo pliegue, sin saber muy bien por qué. Naciste con la Luna en la casa 2, la casa de los recursos y de lo que el cuerpo considera digno de conservar, así que tu sensación de estar a salvo no vive en una idea sino en la tela, en el peso de una taza buena, en el olor del cajón donde guardas el té. Tocas las cosas para calmarte. Una mano sobre la madera de la mesa, las cuentas revisadas dos veces, la despensa llena aunque no tengas hambre. El consuelo es una moneda que te tomas en serio, y tiene su lado largo. A veces acumulas lo que te tranquiliza y luego te pesa el armario lleno, como si guardar fuera lo mismo que estar protegido. Cuando notes ese reflejo, afloja la mano un poco. Gasta en lo que le habla de verdad a tu sistema nervioso, no en lo que demuestra a los demás que estás bien. Rodéate de pocas cosas y que te quieran de vuelta, aunque sea en silencio.