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Luna en casa 3

Has escuchado el mismo mensaje de voz tres veces, no por las palabras sino por el tono, porque el tono te contó algo que las palabras se callaron. Tu Luna cayó en la casa 3, la casa de la mente cercana y del entorno de cada día: el habla con los hermanos, las calles del barrio, los recados pequeños del pensamiento. Por eso sientes a través del lenguaje. Tu estado de ánimo viaja en una llamada, en cómo alguien teclea, en el ritmo con que lees un párrafo en voz alta. Te pasa esto en concreto: piensas en climas y hablas en colores, y hay días en que una conversación corta te entra como un cambio de tiempo, te empapa o te despeja sin que medie nada grande. Tiene su precio. Cuando la sala está ruidosa, las palabras te salen demasiado rápido y luego no te reconoces en ellas. Para esos momentos, escribe antes de hablar; la página sostiene lo que una frase dicha de golpe no aguanta. Y guarda cerca a la gente que te deja terminar el pensamiento, que es más rara de lo que parece. Que alguien te oiga entero es de las pocas cosas que te cambian el día por completo.