La lluvia contra la ventana de la primera casa que llamaste hogar, y la silla exacta desde la que te sentabas a escucharla. Naciste con la Luna en la casa 4, la cocina del alma, el cimiento sobre el que se apoya todo lo demás de ti, y aquí esta Luna está en su elemento. La familia es tu alfabeto: aprendiste a sentir en una mesa concreta, con unas voces concretas, antes de tener palabras para nada de eso. Por eso necesitas un dentro. Un lugar físico donde el sistema nervioso por fin suelta el aire, y si todavía no lo tienes, te toca construirlo con tus manos. Honra a la madre que tuviste y también a la que habrías querido tener, porque las dos dan forma a tu clima interior, y fingir que una no existe no la hace desaparecer. El trabajo está en hacer un hogar que no necesite silencio para sentirse seguro, donde que te vean sea parte del calor y no una amenaza al calor. Una raíz que eliges con los ojos abiertos te sostiene mejor que una raíz heredada sin pensarla.