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Luna en casa 7

Una mano en tu rodilla bajo la mesa, un gesto mínimo que nadie más alcanza a ver, y de pronto cambia hasta la forma en que te sientas en la silla. Tu Luna vive en la casa 7, la casa del otro al otro lado de la mesa, del acuerdo que pide dos voces, y tu corazón se alimenta en el reflejo. Sientes con más claridad cuando alguien cercano te devuelve tu propia cara, y a veces vuelves a ti solo después de pasar por los ojos del otro. Esto es muy tuyo: necesitas testigo, no por debilidad, sino porque tu manera de calmarte pasa por el vínculo. El precio asoma cuando confundes compañía con alimento y te quedas con quien te acompaña aunque no te nutra, solo por no estar solo. Elige a quien se sienta enfrente de ti con el cuidado con que elegirías a quien te opera. Fíjate en una cosa: el vínculo que aquieta tu cuerpo en el pasillo de casa vale más que el que te acelera el pulso. Los dos pueden existir en tu vida, pero solo en el primero puedes vivir de verdad.