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Mercurio oposicion Luna

La cabeza corre a ponerle nombre a lo que sientes y el pecho te pide quedarte un rato más sin palabras, a oscuras. Mercurio traduce al instante; la Luna, en la orilla contraria, prefiere el sentir todavía en bruto, sin etiqueta. El diccionario frente a la marea. Nombras pronto y sospechas que la cosa se enfrió al decirla. Te callas y te frustra no saber qué te pasa. A veces hablas más deprisa de lo que sientes, y otras sientes mucho más hondo de lo que alcanzas a decir. Lo que ganas es darle al cuerpo unos minutos sin lenguaje antes de la frase. La emoción nombrada cuenta. La emoción habitada en silencio también cuenta.