El corazón te pide algo muy concreto y, antes de nombrarlo, la imaginación le disuelve los bordes hasta que ya no sabes qué querías. La Luna sostiene la necesidad propia; Neptuno, en el lado opuesto del eje, te disuelve compasivo en lo de los demás. El cuenco propio frente al mar ajeno. Pides y te culpas por hacerlo tan concreto. Te diluyes en los otros y te quedas sin pies. A veces cuidas a quien no te cuida, y otras te da vergüenza pedir lo más sencillo. Poco a poco te haces una palabra propia para nombrar qué necesita tu corazón. La compasión sin yo te seca. El yo sin compasión te encierra. Te hacen falta el contorno y la entrega a la vez.