La Luna se instala en tu Nodo Sur y desde ese refugio de siempre te encara a través del eje, mirando de frente al Nodo Norte. La necesidad conocida tira hacia la seguridad que ya te sabes de memoria mientras la dirección de crecimiento llama desde la orilla contraria. Cada lado da sentido al de enfrente: el nido frena el estiramiento, y el rumbo nuevo desarma el consuelo repetido. Hay días en que te encierras en lo cálido y pierdes el paso que pedía exponerte. El vaivén te pide algo claro. Usar la raíz afectiva como cimiento del avance, nunca como cueva para no salir jamás a la intemperie.
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