El corazón te pide soltar la verdad en crudo y, a la vez, te da reparo romper la escena bonita que tanto cuidaste. La Luna pide la emoción honda; Venus, en el lado opuesto del eje, defiende la estética del cuidado, el mantel limpio. La herida abierta frente al cuadro bien colgado. Dices la verdad sin maquillar y te culpas de tosco. Suavizas la forma y te frustra traicionar lo que sentías. Tu hogar puede ser precioso y dejarte solo en él, y tu intimidad puede ser honda y desordenada como un cuarto sin terminar. Vas viendo que belleza y verdad no se oponen. Una emoción bien dicha también es elegante. Y la elegancia que esconde el sentir, con el tiempo, se vacía.