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Luna sextil Nodo-norte

Una manta tibia cuelga junto a la puerta que da al cuarto donde aún no duermes. La Luna, ese pulso que recoge el cuerpo cuando baja la marea del día, hace buen ángulo con el Nodo Norte, el eje calculado que apunta hacia donde tu carta crece y no un cuerpo que orbita. El cobijo para sentirte en casa fuera de casa no te arropa por sorpresa: la manta está ahí, doblada, lista si decides cargarla. Llevas algo de hogar contigo al asomarte a lo nuevo y el terreno extraño deja de dar frío. Pones la mano en la pared desconocida. Y el pecho, despacio, encuentra dónde apoyarse.