Tienes al alcance una ternura que conoce el dolor por dentro, esperando que la recojas con las dos manos. Quirón y la Luna forman un sextil en tu carta: el cuidado que cobija queda junto a la herida que afina la empatía, una puerta entornada hacia un consuelo que no sale de un manual. El día que acompañas desde lo que a ti te faltó, tu cuidado se enciende y deja de ser necesidad propia disfrazada. Lo de fondo está latente, no se activa solo. Despierta cuando dejas que tu herida te enseñe a sostener la del otro. La invitación es usar la grieta como mapa del cariño, no como excusa para esconderte dentro.
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