Tu fuerza viene con corazón dentro; no sabes pelear en frío. El impulso que se lanza y el sentir que late hondo son en ti un mismo aire, trígono de Marte y la Luna, y defiendes lo que amas sin tener que elegir entre la cabeza y las vísceras. Tu enojo, cuando sube, trae un motivo de verdad detrás; tu ternura, cuando se mueve, mueve con fuerza. Proteger sintiendo es tu terreno de siempre: los cuidados, los oficios donde alguien tiene que ponerse delante para parar el golpe de otro. Lo que se gasta primero no es el coraje. Es darlo tan por seguro que te lanzas por cualquiera sin medir, y un día el corazón cobra la cuenta. Mide a quién te entregas.